Erótico No. 2
Si tú me dieras esa flor que ocultas
entre la cárcel de tus muslos tersos.

Esa flor de recóndita fragancia,
de oscuro musgo y lujuriosos pétalos.

Si me dieras tu fuego más profundo,
tu caricia más íntima, tus besos.

Si me dieras el surco perfumado
entre la doble luna de tus pechos.

Si me dieras tus pechos, blancos frutos
del árbol perfumado de tu cuerpo.

Si me dieras tu lengua sensitiva,
y el aroma fogoso de tu aliento.

Si me dieras tu pelo, derramado
como una oscura flor sobre mi lecho.

Si me abrieras tu cuerpo, si me amaras,
derramaría en ti todos mis versos.

Entonces venceríamos la muerte,
el miedo, el odio, el tedio y el silencio.

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